Archivo de la categoría: Relatos

Un relato anónimo

Lemur de Madagascar
Animal 59 - Lemur de Madagascar
 
Comprador de monos

Una vez llegó al pueblo un señor, bien vestido, se instaló en el único hotel que había, y puso un aviso en la única página del periódico local: que está dispuesto a comprar cada mono que le traigan por $10.
Los campesinos, quienes sabían que el bosque estaba lleno de monos, salieron corriendo a cazar monos. El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de monos que le trajeron a $10 cada uno sin chistar. Pero, como ya quedaban muy pocos monos en el bosque, y era difícil cazarlos, los campesinos perdieron interés, entonces el hombre ofreció $20 por cada mono, y los campesinos corrieron otra vez al bosque. Nuevamente, fueron mermando los monos, y el hombre elevó la oferta a $25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando los pocos monos que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar uno. Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada mono, pero, como tenía negocios que atender en la ciudad, dejaría a cargo de su ayudante el negocio de la compra de monos. Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos diciéndoles:

-Fíjense en esta jaula llena de miles de monos que mi jefe compró para su colección. Yo les ofrezco venderles los monos por $35, y cuando el regrese de la ciudad, se los venden por $50 cada uno.

Los campesinos juntaron todos sus ahorros y compraron los miles de monos que había en la gran jaula, y esperaron el regreso del ‘jefe’. Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de monos que compraron con sus ahorros de toda la vida.
Ahora sí… tienen ustedes una noción bien clara de cómo funciona el mercado de valores y la bolsa.

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El relato de los lunes

El relato de los lunes, por si lo queréis leer, está publicado en:
 
 
Aún continúa la historia de Dulce.
 
 
 
 

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DÍA MUNDIAL DE LA NO VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES -RELATO-

La faja ó:

"A cada cerdo le llega su San Martín"

 

 

In Memoriam

de todas aquellas personas que han perecido a causa de la violencia doméstica.

Por una mejor educación, mayor tolerancia y una vida en libertad e igualdad.

 

"Señor Juez:

Yo, en plenas facultades, a pesar de lo que le digan los demás, créame, estoy en mis cabales, me acuso de haber quitado de en medio -porque ya no aguantaba- a mi marido, esposo, cónyuge, desposado, compañero, o como queramos llamarle…

¿Ve cómo me encuentro perfectamente? En un instante le he dicho cinco sinónimos. Soy una persona culta y muy leída aunque el muerto diga lo contrario, porque siempre dice:

– ¡Bah, si tú eres un cero a la izquierda! Cada día vales menos. Te estás poniendo como un tonel…

En eso tiene razón, he engordado de nuevo. ¿Estaré embarazada?

– …Ni con la faja consigues sujetar el exceso de carne -me afea el extinto con desprecio-. Me avergüenza salir contigo…

Cuando fui nombrada Reina de Belleza no le parecía tan despreciable. Entonces no necesitaba fajas, ni sujeciones, ni elemento alguno de tortura, y esta faja lo es. Me está matando: tengo las perneras enrolladas en los muslos como una persiana, y la cinturilla me oprime tanto que no me deja respirar. ¡Ay, pero qué cosas tiene que aguantar una para estar semi-presentable, y luego escuchar por boca del destripado!:

– Si sólo sabes parir…

¡Y, de esto último, no tengo yo sola la culpa! ¡Se lo juro! ¡Seis o siete niños he parido! Algunos de dos en dos (ya no recuerdo si han sido los del último otoño). Ahora se encuentran con mi madre. ¡Menudo jaleo deberán estar armando, angelitos míos!

Probando. Probando. Un, dos, tres, probando otra vez. Ji, me ha salido un pareado.

Señor Juez, espero que lo oiga bien. Se lo estoy grabando en estéreo y en directo mientras aseo la cocina. No quiero que, cuando lleguen a mi casa la policía, usted y los medios de comunicación (que vendrán), se encuentren con esta carnicería y me tachen de: sucia, dejada, poco hacendosa…, como me dice el finado.

Como le iba contando, y espero que lo oiga y me escuche (que no es lo mismo oír que escuchar, ya hablaremos sobre esto en otra ocasión), le he matado porque le quería, pero ya no le aguantaba. ¡Qué cosas, ¿verdad?!

Yo me casé muy enamorada, pero aquello se le pasó al difunto, que no a mí, demasiado pronto. De vez en cuando, "para espabilarme", según decía, me daba algún que otro guantazo, mandoble, mamporro… Y yo aguantaba…, aguantaba… Aguanté mucho, hasta que no pude más.

Al cura… (Porque yo hablaba con los curas. Ahora ya no. Me defraudaron y me he enfadado con ellos para siempre. Tendría que excomulgarlos, y lo he hecho: he excomulgado a todos los curas)… Bueno, a lo que iba. Al cura le conté que el occiso me pegaba, y el sacerdote me decía:

– Hija, presenta la otra mejilla, así lo manda Dios. Has de ser sumisa y obediente, buena esposa…

Y yo lo fui. ¡Juro que lo fui! Pero el maldito cadáver, a quien quiero todavía, aún a pesar de su mal aspecto de ahora, no sólo me aporreaba en la otra mejilla, sino en la espalda, en los brazos, en las piernas, en los ojos, en la cabeza…, donde me dieron algunos puntos de sutura. Él dijo, cuando me vio el médico, que me había caído desde lo alto de la escalera.

¡Qué jeta! ¡Qué morro gasta el tío! (Perdón por la vulgaridad).

Un buen día me cansé, y yo le pegué un sartenazo -sin aceite, claro-, con tan mala suerte que tuve que llevarle a la Casa de Socorro donde le dieron siete puntos en una ceja. En este caso, él me acusó de ser su agresora.

Entonces dejé de ver al cura y me llevaron al psiquíatra. Éste dijo que padecía esquizofrenia paranoica (o paranoia esquizofrénica) ¿Qué más da? En fin: locura en castellano. Yo no lo veo así. En realidad, yo padecía torturas de palabra y obra. Pero para las torturas no me medicaron, para lo otro sí.

Un día alguien me dijo:

– No te apures, a cada cerdo le llega su San Martín…

Cerdo por el apagado, claro.

Ése alguien me debía querer bien. Debía oírme gritar de dolor, cuando podía gritar, porque él solía taparme la boca con lo primero que encontraba: un pañuelo, una media, el muy guarro…

Lo que sí sé, es que hoy es "San Martín". El cerdo ha llegado borracho y con ganas de cama (no habrá encontrado en casa a ninguna de sus amiguitas, por eso recurre a mí). En un descuido he cogido el cuchillo jamonero y lo he abierto en canal. Le prometo que nunca asistí a una matanza, sólo a ésta, y es algo asqueroso. Chillaba como un gorrino…

¿A que estoy cuerda, señor Juez?

Además, me he ceñido a las Escrituras, a lo que nos dijo el sacerdote cuando nos casamos. Me lo sé de memoria:

– Lo que Dios, pues, unió, no lo separe el hombre.

Y yo soy una mujer, sólo una mujer.

Gracias por todo, al menos por escucharme. Seguiré recogiendo la casa para que esté reluciente. Mientras, aguardaré con impaciencia su venida.

Lo afirma y confirma: Una mujer maltratada."

 

El Juez, oídas todas las partes, manda que Ella se ponga en pie.

Y Ella, obediente, se alza del asiento.

Él inquiere con voz grave:

– ¿Cómo se declara la acusada?

Ella mira a los reunidos en la sala. Durante todo el juicio se ha rebullido inquieta sobre la silla. Se agacha, con un rápido movimiento alza su falda hasta la mitad de los muslos, mete los pulgares, los engancha a la faja y tira de ella.

Atónito, el juez no encuentra palabras para recriminarle. La observa boquiabierto.

La mujer espera a que la faja caiga al suelo. Se alisa la falda. Se agacha de nuevo, empuña la prenda torturadora y, enarbolándola como una bandera, grita alegre:

– LIBERADA, señor juez. Me declaro y me siento totalmente LIBERADA.

 

Juana Castillo Escobar, 1998.

 

Nota.-

Este relato fue publicado en la Antología de Nuevos Narradores: Historias de amor y desamor. Trivium, proyecto editorial, S. L. Año 2001. (Edicº de Clara Obligado). Páginas: 199, 200, 201 y 202. También lo publicó el periódico que redacta la Asociación de Vecinos de Aluche, en soporte papel y en su página web en Marzo de 2004. Registrado con el nº de Expte.: 12/RTPI-006595/2005.- Ref. Documento:12/040455-2/05.- Nº Solicitud: M-006285/2005.- Fecha: 16 de Agosto de 2005.- Hora: 12,36.

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Leyenda China

.::Leyenda China::.

 

Cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca.

Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.

 

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CoNjUrO sIoUx

CONJURO SIOUX

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux, que una vez llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu….

– Nos amamos…- empezó el joven

– Y nos vamos a casar….- dijo ella.

– Y nos queremos tanto que tenemos miedo…queremos un hechizo, un conjuro, o un talismán… algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos…que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.

– Por favor…-repitieron – hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes… tan enamorados…y tan anhelantes esperando su palabra…

– Hay algo….-dijo el viejo- pero no sé…es una tarea muy difícil y sacrificada…

– Nube Azul… -dijo el brujo- ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos… deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte… si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena…¿Comprendiste?

– Y tú, Toro Bravo…-siguió el brujo- deberás escalar la montaña del trueno…cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva…el mismo día en que vendrá Nube Azul… Salgan ahora!

Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada… ella hacia el norte y él hacia el sur…

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas…eran verdaderamente hermosos ejemplares…

– Y ahora qué haremos…-preguntó el joven- ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

– No – dijo el viejo.

– Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne?- propuso la joven.

– No – repitió el viejo.- Harán lo que les digo: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con esta tiras de cuero… cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres…

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros…el águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse….

Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto… son ustedes como un águila y un halcón… si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose… sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro…

Si quieren que el amor entre ustedes perdure…

"Vuelen juntos…pero jamás atados".

 


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