Robo en la Biblioteca Nacional: lo que se ha escrito sobre ello

¿Dónde están los mapamundis de Ptolomeo?: La crisis de la Biblioteca Nacional de España.

Actualidad literaria

 

Tres días de disputa pública, sin pausa y en aumento, llevan ya el ministro español de Cultura, César Antonio Molina, y la escritora Rosa Regàs, directora saliente –y saliente de mal modo– de la Biblioteca Nacional, en un escándalo que toca directamente a la Argentina. El último dardo que se tiraron, la responsabilidad por el robo de dos mapamundis del siglo XV, impacta del otro lado del océano porque, según Regàs, el ladrón de esos valiosos documentos “es un investigador” llegado de la Argentina, que ingresó en el área restringida de la Biblioteca gracias a “un aval del embajador español” en Buenos Aires.

Publica La Nación

Por Silvia Pisani

En declaraciones radiales recogidas por los medios españoles y reiteradas cual latiguillo a lo largo de todo el día, la temperamental escritora catalana, que renunció a su cargo en medio del escándalo, aseguró saber todo sobre el supuesto ladrón venido de la Argentina.

“Conozco el nombre, la personalidad, la dirección y la nacionalidad”, dijo Regàs, quien luego afirmó que el malvado en cuestión “cambió de nacionalidad”. Y, aunque sostuvo que tiene constancia de todo eso, lamentó que “se haya escapado, seguramente”.

Regàs, prestigiosa escritora y ganadora del premio Planeta en 2001, lanzó la acusación como parte de la disputa pública que, desde el viernes pasado, mantiene con el también escritor Molina, quien, en su condición de ministro de Cultura, le retiró la confianza de jefe y la empujó a una renuncia que, al parecer, la escritora no deseaba.

Todo se precipitó tras conocerse el robo de los dos valiosos mapas de la biblioteca confiada a Regàs y cuyo valor resultaba ayer difícil de estimar.

A la desaparición de las piezas se sumó en las últimas horas otra noticia de mal agüero: también se encontraron daños y cortes intencionales en las hojas de, por lo menos, cuatro raros libros de los siglos XVI y XVII.

Un escándalo del que se van conociendo detalles con las horas y que, en las últimas, rozó también a la embajada española en Buenos Aires, ya que, según la novelista y ex directora, de allí vino la recomendación para dejar entrar a quien luego resultó ser un ladrón.

Pero las desmentidas empezaron a llegar como catarata. "No sé de qué habla la señora Regàs. Ni yo ni nadie de esta embajada ha dado aval alguno para acceder a la Biblioteca Nacional. Me he encargado de chequearlo y doy fe de que es así", dijo el embajador español en Buenos Aires, Rafael Estrella, en diálogo telefónico con LA NACION.

El diplomático, que asumió la legación hace pocos meses, dijo, además, que tampoco tenía constancias de que se hubiera extendido alguna autorización de ese tipo con anterioridad a su llegada y que, en todo caso, "por norma" la embajada no otorga avales como el que describió la directora saliente.

Los mapamundis

En la Biblioteca Nacional, una institución con 171 años de historia que tiene su sede en el Paseo de los Recoletos, se conservan unos 30 millones de piezas entre libros, documentos, grabados, fotografías, grabaciones, manuscritos, mapas y colecciones de alto valor histórico y cultural.

Las dos impresiones de 1482 de mapamundis realizados por el griego Ptolomeo como parte de su Cosmografía integran, por su antigüedad, las piezas de mayor valor histórico que se conservan en la biblioteca.

Los mapas incunables, que no están numerados y de los que hay copia en microfilm, se almacenaban en una sala a la que sólo podían acceder investigadores con autorización especial.

La institución recibe unos 113.000 lectores por año, con un promedio de casi 400 por día, y entre las piezas de mayor valor se encuentran 3100 ejemplares incunables, que son los libros impresos antes del 1° de enero de 1501.

Fuentes de la Guardia Civil consultadas por LA NACION también sumaron cierto matiz a la hipótesis de Regàs, según la cual el ladrón "vino de la Argentina".

"Hay más de una línea de investigación abierta. Los sospechosos son varios", dijeron responsables del Grupo de Patrimonio Histórico, que, dentro de la Guardia Civil, lleva la pesquisa del caso.

Sin embargo, en ningún momento se negó de plano que entre esos posibles implicados figurara el investigador argentino citado por la directora saliente.

Escritores enfrentados

Lo que sí le desmintieron de plano a Regàs fue su versión de cómo toda esta historia generó el desencuentro con el ministro Molina y el desenlace de la estruendosa renuncia.

"El ministro de Cultura me ha retirado la confianza porque entiende que en tres años y medio de gestión al frente de la Biblioteca Nacional yo no he hecho nada", dijo Regàs, ofendida.

"Nada de eso. Jamás le dije eso. Lo que sí le digo es que me ha ocultado el robo de los documentos de la biblioteca. No se lo ha comunicado a su ministro ni a nadie. Y cuando intenté buscarla para hablar de eso, estaba de vacaciones. La hice venir muy a su disgusto", dijo Molina, que antes de asumir en Cultura dirigió el Instituto Cervantes.

"Ante algo tan grave como el robo de documentos de ese valor sólo hay dos actitudes posibles. Una, la transparencia informativa previa a la denuncia penal del caso. Y otra, el ocultamiento informativo", cargó el ministro.

Regàs dijo que las cosas no eran así. Y, a su vez, culpó a Molina por "entorpecer la investigación policial", ya que, según aseguró, la Guardia Civil había pedido que nada se dijera del robo para poder trabajar mejor. "Pero el problema que tenemos con este ministro es que le gusta demasiado salir en los diarios", insistió la directora saliente.

Del ladrón, en tanto, sigue sin saberse nada. El mundillo cultural español no sale de su asombro. Y la historia parece de esas que le encantaba relatar a Francisco Umbral. Pero el columnista español por excelencia ya no está. Se murió un día antes de que esto estallara.

La polémica

Tras renunciar a la Biblioteca Nacional, la escritora Rosa Regàs dijo que un investigador argentino es el principal sospechoso del robo de dos mapas del siglo XV.

Dijo que el investigador fue recomendado por el embajador de España en la Argentina, Rafael Estrella, que negó haber dado algún aval.

También se llevaron hojas de cuatro libros de los siglos XVI y XVII.


Los mapas robados podrían valer US$ 2 millones

Por Silvia Pisan

Sin dar paso atrás en la denuncia con la que acusó a "un investigador argentino" por el robo de dos incunables de la Biblioteca Nacional española, la directora saliente, Rosa Regàs, se tomó ayer un respiro en su escalada de declaraciones sobre el oscuro caso. Y se abstuvo de suministrar detalle o prueba de esa acusación.

En medios locales se insistió en que se trata de piezas "únicas" a las que es "imposible" darles un valor en dinero. Hace dos años, la oficina londinense de Christie s subastó en un millón de dólares un raro y pequeño mapa de la misma época, lo que podría tomarse como parámetro para estimar el valor de las piezas desaparecidas

Regàs ayer guardó silencio. "Yo ya he dicho lo que tenía que decir. No pienso contestar nada más", dijo cuando LA NACION intentó conocer precisiones sobre la pública acusación en la que responsabilizó a un "investigador" venido de nuestro país por la desaparición de dos mapas impresos en 1482 correspondientes a la colección de incunables de la institución.

-Como comprenderá, su acusación ha causado inquietud en la Argentina.

-Ya pueden ponerse todo lo nerviosos que quieran, que yo no voy a decir nada más. De modo que no sigamos hablando.

Así, cortante, contestó a LA NACION la escritora y ex directora de la biblioteca, en un diálogo telefónico. Desde que se supo del misterioso robo, Regàs viene manteniendo una sonora disputa con su jefe, el ministro de Cultura, César Antonio Molina, quien le retiró la confianza y la empujó a renunciar.

Piezas únicas

Los dos mapas desaparecieron del área de acceso restringido de la Biblioteca, compuesta por cuatro salas -todas ellas, con cámaras de seguridad en los rincones- y cuyo ingreso requiere que cada visitante supere tres controles de inspección. Se trata de dos mapamundis diseñados por el griego Ptolomeo para su Cosmografía e impresos en 1482.

Investigadores españoles insistieron en que se trata de piezas únicas, a las que resulta "imposible" darles un valor de mercado. Aunque, como suele ocurrir a menudo, cada precio depende del deseo que haya en quien codicie.

Sin ser el mismo caso, ni mucho menos -en el caso español se trata de mapas robados-, la casa de subastas Christie s situó en un millón de dólares el precio récord que, hasta ahora, mantiene la venta de un mapa antiguo similar, impreso en la misma época.

"Es el precio más alto pagado en remate para un mapa antiguo. La venta fue hace dos años y correspondió a una versión impresa en 1508 y en una sola página del llamado Mapa Waldseemuller, célebre porque, según entienden muchos, fue en él donde, por primera vez, se usó la palabra América para designar al Nuevo Mundo", dijeron en la oficina londinense a LA NACION.

Si bien es el precio más alto pagado en remate, no es el más caro que se haya abonado por una cartografía antigua. De hecho, una impresión siete años posterior, pero mucho más grande, de ese mismo mapa fue adquirida en una compra privada por la Biblioteca del Congreso de Washington, por diez veces más: diez millones de dólares.

¿Cuánto valen los dos impresos de Ptolomeo que, según Rosa Regàs, se llevó un argentino?

"Lo que alguien esté dispuesto a pagar. Y eso, de acuerdo con los antecedentes que hay, puede ser una enormidad", dijeron quienes, en esta capital, opinan que "el robo tiene que haber sido por encargo".

Las sospechas

Según dijo anteayer, Regàs no tiene duda de que, detrás de todo eso, hay "un investigador" que vino de la Argentina, del que ella asegura conocer "el nombre, la dirección, la personalidad y la nacionalidad". Pero que, pese a todo eso, desgraciadamente, "se ha escapado".

Quienes investigan el asunto en la Guardia Civil dijeron que la cosa no es tan así. "Hay varios sospechosos", se indicó.

También se relativizó la afirmación de Regàs en el sentido de que quien luego resultó ser un ladrón ingresó gracias "a un aval de la embajada española en Buenos Aires". El embajador Rafael Estrella lo negó de plano.

El ministro Molina acusó a Regàs de ocultar el robo. La escritora le reprochó ser un autoritario y un soberbio que, con tal de salir en los diarios, "pone en riesgo la investigación" policial. Y no vaciló en decir que, en todo esto, "me persiguen quienes no soportan que una mujer sea jefa".

En el gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el escándalo de los dos escritores enfrentados empieza a ser incómodo. Regàs está catalogada como una escritora de la llamada "izquierda comprometida" que apoyó el proyecto de José Luis Rodríguez Zapatero.


El ministro cocodrilo

Publica El Periódico

Por JOAN BARRIL

Una de las locuciones más brillantes de la lengua castellana es la que se condensa en la expresión "fruncir el entrecejo". A la sonoridad del verbo fruncir se le añade ese marco de la mirada humana que son las cejas. Las cejas son esas pilosidades más o menos simétricas que impiden que el sudor de nuestra frente se precipite como una cascada salada sobre nuestros ojos. Pero, aunque no haya esfuerzo ni exudación, el fruncido del entrecejo indica un especial mal humor del fruncidor. Si la cara es el espejo del alma, es evidente que en esas cejas enhiestas y oblicuas se encuentra un alma autoritaria, bronca, irritada y molesta con una parte del mundo. Anteayer, en el Congreso de los Diputados, se nos ofreció la novedad del entrecejo fruncido de un ministro. Lástima que fuera el ministro de Cultura, porque de la cultura se espera un talante más amable que el puro ordeno y mando.

Se supone de los administradores de la cultura que sean gente positiva y que no actúen como entrenadores de equipos de fútbol superados por la prórroga. Con su nombramiento, vimos en el ministro Molina a un escritor metido a político. Poeta de palabra sutil y de verso seguro que se acercaba al ministerio para convertirlo en Parnaso. La autoridad moral de un creador es muy superior a la autoridad administrativa. Así lo entendimos con Jorge Semprún y así nos desconcertaron los nombramientos de Esperanza Aguirre o de Caterina Mieras. El ministro de Cultura es una figura que debe estar siempre en la sombra. Es el papel de barba del escritor y no su escritura. Es la red del trapecista y no su pirueta. Es el jefe de la claca y no el receptor de los aplausos. Es la acústica y no la música. El ministro de Cultura debe huir siempre de la prensa para ofrecerla a los que la necesitan. El ministro de Cultura es el catalizador entre el artista individual y el orgullo colectivo. El ministro de Cultura no puede fruncir el entrecejo contra nadie, porque la cultura es global. Y menos contra uno de los suyos, porque la cultura se basa en la suma, en el logaritmo, en la metáfora, pero jamás en la anulación del disidente.

Anteayer vi el rostro más airado de la cultura oficial y no me gustó. Una especie de Ubú Rey desmesurado se mostró ante las cámaras para cebarse en Rosa Regàs y recordar que quien manda, manda. No me gusta esa manera de mandar. Recuerdo ahora algunos versos del ministro y parecen premonitorios de su situación presente: "El poema y tú estáis en la otra orilla./ Una extensión líquida media entre nosotros/ y un cocodrilo aguarda en la playa/ como tintero, ojo, ombligo, áspid fosfórico/ que guía la sed de mañana". Quisimos ver al ministro trovador y se nos aparece a finales de agosto el ministro cocodrilo. ¿Será el magnetismo del ombligo, del ojo, del tintero seco? En la cultura, allí donde todo debería ser posible, ha aparecido un Gran Capitán con demasiada sed de mañana.

No se trata de saber quién tiene la razón en la gestión de la Biblioteca Nacional, porque todas las razones se van al fondo cuando para defenderlas no queda más que un lenguaje excesivo y unas cejas fruncidas. Recuerda, César, que, a pesar de los laureles, solo eres un hombre.


Lío en la Biblioteca (Editorial del diario El País)

Sin necesidad de hacer leña del árbol caído, la ruidosa dimisión -aunque más bien parece haber sido destitución- de Rosa Regàs como directora de la Biblioteca Nacional invita a algunas recomendaciones y reflexiones. De un lado, la veterana novelista debería moderar más su verbo y regresar a su pasión por la pluma olvidando esta breve y desafortunada experiencia como funcionaria; del otro, el nuevo ministro de Cultura, César Antonio Molina, está obligado a cerrar pronto la crisis con un sustituto que tenga la capacidad de gestión que Regàs no ha mostrado en tres años de mandato.

El espectáculo del robo de los dos mapamundis de la Cosmografía de Ptolomeo, cuya denuncia se hizo tres días después y sólo a instancias del propio ministerio, ha resultado bochornoso. El martes pasado trascendió otro hurto de algunas páginas arrancadas de otros incunables. Es injustificable que la ex directora tardara tanto tiempo en dar cuenta del hecho al ministro y que luego sugiriera que se mantuviera en secreto. A partir de ahí, sus declaraciones públicas fueron un alarde de incoherencia e imprudencia. Regàs pasó del hermetismo a la indiscreción en la entrevista en la que facilitó datos sobre las pesquisas policiales y apuntó como presunto autor a un investigador avalado por la Embajada de España en Argentina, extremo que el jefe de la misión desmintió inmediatamente.

Algo ha quedado esclarecido sobre este lamentable fiasco tras la comparecencia del ministro de Cultura en el Congreso para explicar las futuras iniciativas de su departamento. Según él, jamás acusó directamente a Regàs de no haber hecho nada durante los tres años que ha estado al frente de la Biblioteca Nacional. Eso es lo que, según ella, le llevó a presentar la renuncia el pasado lunes por considerar que había sido desautorizada. Ambos habían mantenido una tormentosa reu-nión tres días antes para hablar sobre el caso. Es lógico concluir que las recriminaciones de Molina se centraran en el comportamiento insatisfactorio de Regàs tras conocerse la desaparición de los mapas, lo que sin duda precipitó su anunció de dimisión.

El paso de la escritora catalana por la institución no va a dejar, lamentablemente, demasiadas huellas positivas. Lo que haya podido realizar como directora en estos tres años (ella, lógicamente, tiene todo el derecho de reafirmar su gestión) se ha visto empañado por no pocas meteduras de pata (entre ellas y una de las más sonadas, su invitación a no leer periódicos) y una buena dosis de sectarismo. Sólo queda ahora desearle que disfrute de la literatura. Sus lectores, sin duda, lo agradecerán.

 

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