Saramago, última novela.

 

"La religión se alimenta de la muerte": José Saramago presenta su última novela.

 

 


 José Saramago (Azinhaga, 1922) publica nueva novela, “Las intermitencias de la muerte”, según él la mejor desde el Nobel. En ella el escritor reflexiona con humor sobre la imposibilidad de ser inmortal: la muerte es un gran negocio, y no siempre limpio; es difícil imaginar una vejez extrema, y las religiones cristianas se alimentan de la muerte, dice Saramago.

Publica El País en su edición del 12-11-2005

Por Miguel Mora

A los 83 años, José Saramago estrena casa y novela. La casa está en un barrio tranquilo del centro de Lisboa y se llama Blimunda, como su recordado personaje femenino de Memorial del convento. La novela se titula “Las intermitencias de la muerte” y ha sido editada simultáneamente (con una primera tirada de 100.000 ejemplares) en portugués, español, italiano y catalán.

El premio Nobel de 1998 presentó ayer el libro (Alfaguara, en castellano; Edicions 62, en catalán) en doble sesión lisboeta; por la mañana, en el Instituto Cervantes, con una videoconferencia, y por la tarde en el teatro nacional San Carlos, durante un acto multitudinario en el que Saramago recibió el afecto de sus lectores, sonó la música de Bach, varias mujeres (entre ellas, su esposa, Pilar del Río, traductora de la novela al español) leyeron fragmentos del libro y Saramago habló de literatura, de vida, de muerte y de política.

El autor de “El año de la muerte de Ricardo Reis” mantiene una relación difícil con Portugal, país que abandonó simbólicamente en 1993 después de que un subsecretario de Cultura del Gobierno de Cavaco Silva impidiera que su novela “El Evangelio según Jesucristo” representara a su país en un premio literario europeo. Y ahora que Cavaco vuelve al primer plano de la actualidad con la precampaña presidencial, Saramago ha redoblado sus ataques contra "el censor", con la misma energía con la que ha escrito y defiende esta nueva novela, "quizá la mejor desde el Nobel", según afirma.

Las intermitencias de la muerte parte de una idea-catapulta, como todas las novelas de Saramago: en un país imaginario, de repente la muerte deja de matar. A partir de ahí, el relato indaga con ironía, humor, humanismo y pesimismo en esa situación de inmortalidad transitoria que perturba a los poderosos, ilusiona a los ingenuos y acaba revelándose como un caos muy difícil de administrar.

Pregunta. El libro empieza con la frase "Al día siguiente nadie murió" y parece a ratos una sátira, aunque pocos le asociarían a usted con ese género.

Respuesta. No es exactamente una sátira, aunque haya en parte sátira, o mejor quizá crítica, de las costumbres y las instituciones, y las reacciones de la gente ante la muerte y la falta de muerte… La pregunta es: ¿qué pasaría si fuéramos eternos?

P. Y la primera respuesta de la novela es que sin la muerte mucha gente se arruinaría.

R. La muerte es un gran negocio y no siempre muy limpio. Aunque ése no sea el tema principal de la novela, si la muerte desapareciera de repente, si la muerte dejara de matar, mucha gente entraría en pánico: funerarias, aseguradoras, residencias de ancianos… Y eso sin hablar del Estado, que no sabría ya cómo pagar las pensiones.

P. Parece un chiste, aunque la cosa es seria porque la vejez cada vez dura más.

R. Es serio, sí: sólo pueden pagar las pensiones hasta el 2015; a partir de ahí no sabemos. Ésa era en parte la idea de la novela, con el aire de estar divirtiéndonos, hablar de algunos temas serios.

P. Más que con ironía, con sarcasmo, lo cual también parece nuevo.

R. La ironía no es nueva en mis libros; yo creo que de una manera o de otra, agresiva, activa, directa o menos, está en todo lo que escribo. Lo que es nuevo es el humor; hay una mirada del narrador mucho más humorística, más que en ninguna otra novela, o eso dicen al menos algunas personas que parece que se han carcajeado con el libro.

P. El humor suele venir bien para hablar de cosas tan trascendentes como la muerte.

R. La verdad es que no lo hice de una forma deliberada; simplemente, salió así; y he de confesar que me he divertido mucho escribiendo sobre un tema tan serio como la muerte. Aunque ya se sabe que con la muerte no se puede uno reír mucho, porque es ella la que acaba riéndose de nosotros. Es mejor pensar que la muerte no es una entidad ni una dama que esté ahí fuera esperándonos, sino que está dentro de nosotros, que cada uno la lleva dentro, y cuando se ponen de acuerdo el cuerpo y ella, se acabó…

P. La novela trata también sobre la imposibilidad de la inmortalidad.

R. Es que la inmortalidad sería un horror; aunque uno viviera 20 años de niñez, 50 de adolescencia y 80 o 90 de madurez, la vejez acabaría llegando, y a partir de ahí empezaría el drama. ¿Alguien se puede imaginar una vejez eterna? Mejor no imaginar esa vejez extrema, mejor pensar que morir no es ningún acto heroico, sino una cosa de lo más corriente.

P. ¿Es ahí cuando aparece el Saramago pesimista?

R. En este caso, nada pesimista, sólo rendirse a la evidencia.

P. Y ese violonchelista que se enamora de la muerte encarnada en mujer sin saber quién es, ¿siente algo de lo que siente usted?

R. Si miro atrás, en todas mis novelas el protagonista es un hombre solo; éste también, y además es muy tímido, no tiene familia… Yo nunca he vivido solo, y nunca me ha gustado meter mis experiencias personales en las novelas.

P. ¿Cómo surgió la idea de ésta?

R. Estaba en Madrid, releyendo a Rilke, y no sé si por sugerencia directa del libro, Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, o no, cuando lo acababa de dejar a un lado, la idea se presentó. Siempre sucede así, por eso digo que quizá ésta sea mi última novela, porque yo no escribo cualquier cosa, necesito que primero venga esa idea. Pensé: ¿y si la muerte no fuera capaz de matar a una persona determinada? Ése fue el embrión, la selva. No pensé al principio en que la muerte hiciera huelga en un país entero, que es al final lo que ocupa la primera parte. Eso vino después, al inventar una situación general.

P. Para recordar, entre otras cosas, que la idea de la muerte contribuye a que perdure el poder de la Iglesia.

R. Peor que eso. El problema de la Iglesia es que necesita la muerte para vivir. Sin muerte no podría haber Iglesia porque no habría resurrección. Las religiones cristianas se alimentan de la muerte. La piedra angular sobre la que se asienta el edificio administrativo, teológico, ideológico y represor de la Iglesia se desmoronaría si la muerte dejara de existir. Por eso los obispos en la novela convocan una campaña de oración para que vuelva la muerte. Parece cruel, pero sin la muerte y la resurrección, la religión no podría seguir diciendo que nos portemos bien para vivir la vida eterna en el más allá. Si la vida eterna estuviera acá…

P. De momento, acá está Cavaco Silva de candidato a presidente.

R. Sí, y su aparición me ha obligado a desenterrar el cadáver de aquella censura que me ocurrió siendo él primer ministro. Su Gobierno hizo una cosa propia de una dictadura fascista. Por eso apoyaré a Mario Soares si hay una segunda vuelta. Aunque mi candidato es Jerónimo de Sousa, del Partido Comunista, si Cavaco llega a la segunda vuelta con Soares, votaré a Soares. Lo que me preocupa más es la apatía de la gente, ese desánimo, esa crisis de indiferencia que se vive en el país. Parece mentira que sea el mismo pueblo que hace 30 años era el más combativo de Europa.
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¿Y si nadie se muriera?

Publica La Vanguardia en su edición del 12/11/2005

Por Xavi Ayén

Un día, nadie se muere. Al día siguiente, tampoco. Transcurren semanas, meses… y nada. Algo extraño está sucediendo en la última novela del portugués José Saramago (Azinhaga, 1922), Las intermitencias de la muerte, en la que el escritor plantea qué pasaría si, de repente, se alterara el ciclo normal de las vidas humanas, "al dejar la muerte de hacer su trabajo". ¿Cómo pagará el Estado las pensiones? ¿Qué vida eterna prometerá la Iglesia?

Saramago recibió el pasado jueves en su casa de Lisboa a este diario para conversar sobre un libro en el que, "por primera vez, utilizo un humor capaz de provocar alguna carcajada, pues hasta ahora me había limitado a la ironía, que es siempre agresiva". Ayer presentó en el Instituto Cervantes de la capital lusa las ediciones en castellano y catalán de la novela, publicadas respectivamente por Alfaguara y Edicions 62.

Las intermitencias de la muerte – título inspirado en Proust, que hablaba de "las intermitencias del amor"- es una "fábula o cuento filosófico" dividido en dos partes. En la primera, Saramago dirige su tradicional mirada irónica "a la reacción de las instituciones ante el insólito suceso". En la segunda, la parca entra en escena, "convertida en mujer, y mantiene una relación sentimental con un violonchelista, sin que éste llegue a conocer la identidad de su amante". "Cuando se aborda este tema – explica-, hay tendencia a ponerse serio y tenebroso. Yo he hecho lo contrario. Me dije: vamos a hablar de la vida de hoy a través de la muerte: del funcionamiento de los políticos, de los ancianos aparcados en residencias, del egoísmo, de la sensualidad… Si algún talento tengo, es el de transformar lo imposible en algo que pueda parecer probable".

El libro ha originado una polémica en Portugal, pues ha sido leído como una defensa no sólo de la eutanasia sino, incluso, del suicidio. "El suicidio – responde- nació con la conciencia del hombre y en la antigüedad era aceptado. Suicidarme es un derecho que tengo, porque mi vida es mía y soy el señor de mi cuerpo. El Estado, en caso de guerra, puede disponer de mi vida, enviándome al frente, ¿y no voy a tener yo el derecho de interrumpirla? Seguramente hay otra solución para los problemas, pero es la decisión de cada uno".

Con los años, el escritor no se ha vuelto metafísico. Al contrario: "Sigo siendo un materialista. No soy creyente, pero es que ni siquiera entiendo cómo se puede creer en Dios, con los conocimientos científicos actuales. Antes, si llegaba un chorro de luz a través de las nubes, podía uno creer que era una manifestación del Cielo, pero ahora… Sé que, cuando llegue mi hora, entraré en la nada, me disolveré en átomos. Ya está. Y, un día, se terminará todo: la Tierra, la galaxia, el sistema solar… Yno habrá ningún Dios que diga: ´¿Pero dónde están todos esos seres que había creado con tanto amor?´ Dedicamos demasiado tiempo a barruntar qué hay más allá de la vida, y demasiado poco a preguntarnos por lo que está sucediendo en la propia vida".

Saramago no piensa en su propia muerte: "Soy un viejo, lo asumo. Pero, a pesar de mis 83 años, vivo como si tuviera 75, que es una edad estupenda. Incluso, a veces, como si tuviera 62. Y, en algunas raras ocasiones, como si tuviera 18… lo que ya es la hostia".

Preguntado por los casos de personas que se han congelado para "resucitar" en el futuro, responde: "No tenemos la sencillez de aceptar que no hay nada de definitivo en nosotros, que venimos al mundo por turnos. Pero, en fin, si los ricos quieren congelarse, allá ellos. No me conmueve".

Un último apunte: en un gesto que el autor pretende tenga un efecto de bola de nieve sobre la industria editorial, todos los ejemplares de su novela (también en Italia, Latinoamérica, Portugal y Brasil) han sido impresos en "papel amigo de los bosques", es decir, que "en todas las fases del proceso se respeta el medio ambiente y la conservación de los bosques". Se trata de una colaboración con la ONG Greenpeace que el autor ha decidido extender "a todas mis obras futuras y a las reediciones de obras pasadas". Aunque "es un papel un poquito más caro", la medida no ha afectado al precio de venta al público.
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"Estoy en el centro de un huracán"

Publica El Mercurio

Por Elena del Castillo

De vez en cuando se mesa ligeramente la ceja derecha por encima de sus inseparables gafas, pero sólo como somero gesto porque los nervios se encuentran en una galaxia distinta a la suya. Bromea acerca de la inexpresividad de su rostro cuando lo ve reflejado: "¿Dónde voy yo con esta cara?". Con su sensible sentido del humor consigue que los demás rían a carcajadas sin que a él se le mueva un músculo.

Por la mañana da un paseo para comprar los periódicos, su nieta Rosa puede visitarle y gestionar alguna tarea, su esposa siempre está pendiente de él. No le gustan los hoteles, prefiere tener una casa en Madrid, otra en Lisboa y otra en Lanzarote (Canarias), esta última como residencia oficial. Cuando está en la capital lusa vive en un chalecito en la zona conocida como Plaza de Londres. Adquirido hace unos años, aún están reformándolo. Pilar del Río, su actual esposa, le enseña la prueba de la portada de su nueva novela, que se presentará en Lisboa en noviembre, y él le da la enhorabuena.

Su alta y proporcionada estatura contrasta con el pequeño sillón en el que se acomoda, es su asiento favorito, junto a la chimenea. Su expresión es lo más alejada de la imaginación que es capaz de verter sobre las metáforas que normalmente emplea para explicarse.

Se encuentra bien de salud. ¿Sigue alguna rutina diaria para encontrarse en forma?

"Sin ninguna disciplina, de vez en cuando hago un poco de bicicleta estática. La salud la tengo pero no hago nada. Nunca he sido gordo, no me gustan los bares, no hago vida nocturna, no fumo ni bebo, sólo un poco de vino en alguna comida. No hago curas ninguna de esto o de aquello, ni tomo pastillas para nada. Sencillamente, tengo la suerte de tener salud."

Me gustaría preguntarle de dónde viene el apodo "Saramago" perteneciente a la familia de su padre.

"No sé de dónde venía, pero en los pueblos era muy común tener un apodo. "Saramago" era un apodo desde no sé cuándo. Cuando mi padre fue a inscribir mi nacimiento, el funcionario le preguntó cómo se iba a llamar el niño y mi padre contestó: "se llamará como su padre". El funcionario añadió Saramago a José de Sousa sin que mi padre se diera cuenta hasta que cumplí los siete años y fue necesario presentar una partida de nacimiento en la escuela primaria".

¿A usted le gustó más emplearlo porque era más original?

"Suena más, tiene más fuerza. A lo mejor, si no hubiera tenido más que mi nombre, un nombre como cualquier otro, yo habría inventado un seudónimo. Es como si el funcionario hubiera sabido que yo necesitaría un nombre más redondo".

De familia humilde, José de Sousa explica cómo obtuvo su primer libro -en su casa no había ninguno-, y cómo devoró la biblioteca de su ciudad, mientras pasea interesado por las salas de esa institución, el Palacio de Galveiras. "Aquí leí desde los 17 años, trabajaba por el día y de noche venía aquí, entonces no existían los préstamos de libros y puedo decir que mi formación literaria se fraguó así. A los 19, un amigo me prestó dinero y compré mi primer libro".

Nadie podría imaginar lo que vendría después, un cerrajero industrial convertido en literato de éxito. El escritor estrenó su trabajo literario con "Tierra de pecado", en 1947, aunque no llegó al gran público hasta los años 80, cuando salieron de su puño "Alzado del suelo" (1980), "Memorial del convento" (1982), "El año de la muerte de Ricardo Reis" (1984), "La balsa de piedra" (1984) e "Historia del cerco de Lisboa" (1989). 1966 fue el año de su primera obra lírica, "Poemas imposibles".

"No suelto carcajadas"

-¿Cuáles son sus momentos peores y mejores dentro de su vida diaria?

"Eso tiene que ver con el estado de ánimo en que uno se encuentra. A veces, uno está contento y no sabe por qué. Yo tengo un temperamento melancólico, no tengo la risa fácil, de mí no se oye una carcajada. Si yo soltara una carcajada, yo mismo no me lo creería. Luego, tengo esta cara un poco cerrada. Me dicen que si nunca sonrío. Sonrío cuando tengo un motivo."

"Admiro las caras de la gente, a menudo de preocupación, pero abiertas, que expresan algo; eso yo lo veo por las calles, luego casualmente me paro frente a una tienda y veo la mía reflejada en el cristal y pienso, ¿pero dónde vas tú con esa cara?; sencillamente es mi cara.

"No me planteo lo que me gusta más o menos de mi rutina. Tengo mi trabajo y ahí no me puedo sentar sólo cuando me da la gana. A veces digo que la primera condición para escribir es sentarse y no estar esperando a que te llegue la inspiración. También hay momentos desagradables, ahora estamos viviendo uno de ellos con la muerte de uno de mis perros… teníamos tres en Lanzarote.

"Mi carácter no tiene picos. No soy depresivo. Cuando algo sale mal no bajo los brazos pero tampoco soy un valiente. Tengo una relación con la vida, digamos, de serenidad, no dramatizo las cosas, no tengo la tendencia de complicar algo que está ocurriendo. Entonces, todo puede ser agradable, asomarme a la ventana o dar un paseo; y desagradable, en cualquier momento puede ocurrir algo así.

"Creo que soy la persona menos interesante que hay, no soy complicado. Las cosas son lo que son e intento comprenderlas, porque es algo obsesivo en mí intentar ver no sólo lo que parece, porque siempre hay algo que está detrás. Aunque tengo esa tendencia para la introspección, en el fondo creo que es como si yo estuviera en el centro de un huracán, ahí no hay nada, lo que se percibe está a su alrededor. Ese espacio del centro no es en realidad de tranquilidad, yo digo que es de serenidad. Esa metáfora se le ocurrió un día a Pilar y creo que me sirve para definir mi carácter".

-¿No hay un momento del día, señor Saramago, en que le guste leer algo determinado, un libro que le guste más?

"Con mi edad he leído miles, de poesía, novela, teatro, ensayos… filosofía, historia, sociología, cómo puedo decir lo que me ha gustado desde los 16 años hasta ahora. Si alguien dice que tiene un libro favorito, significa que ha leído poco. Es muy fácil decir que "El Quijote"; considero que es el más importante de los que he leído."

-¿Se ha sentido Quijote alguna vez cuando lucha a favor de un imposible?

"No. Si yo he hecho algo, de verdad no soy el único. Podrían ser más, pero no faltan personas dentro del mundo que están luchando por introducir un poco de racionalidad en la vida. Además, se dice que Alonso Quijano estaba loco."

-¿No era lo contrario?, y ¿no era el centro de un huracán donde lo que pasaba en torno no le afectaba a él como a los demás?

"Simular la locura para poder hacer lo que quería… si no fuera por la locura, no se entendería que pudiera luchar contra molinos de viento; eso es un signo de cordura bajo mi punto de vista".

"Yo hago lo que puedo y no tengo que mirarme como si tuviera un papel importantísimo en el mundo, que no tengo. Todo tiene que ver, en primer lugar, con mi trabajo. En segundo lugar, la percepción de cómo funciona la sociedad, lo humano. Después, teniendo en cuenta todo eso, ¿qué es lo que estoy haciendo y por qué?: implica una postura que intento sea lo más coherente posible para que sencillamente no me avergüence de mí mismo. Uno tiene que escribir, opinar y debe preguntarse si está a la altura de su responsabilidad. La respuesta no es fácil, pero hay que plantearla".

-¿Esa serenidad suya es quizá su herramienta especial aprender tan bien lo que usted llama "el duro oficio de vivir"?

"Uno aprende a vivir y no tengo ningún instrumento. Es claro que si uno se entrega a cualquier guía espiritual, que dice cómo hay que vivir, lo que se puede hacer y lo que no, delega su propia responsabilidad en otro. Yo no me he apoyado en nada, porque no creo en Dios. Jamás en situaciones complicadas he pedido un consejo a nadie; no lo he comentado con nadie y he intentado resolverlo si he podido".

-¿Cuál es la parte de su vida de la que se siente más orgulloso, o la que más satisfacciones le reporta: la de pensador, escritor, hombre público, esposo, padre, abuelo…?

"No estamos hechos de fragmentos o, si es así, están unidos. No es fácil analizar eso. Es inútil separarlos, somos como una mano cerrada, cada dedo no está por su parte. Si me miro, no encuentro fragmentos, sino una persona en la que todo eso que usted ha dicho se puede encontrar. Si me miro, lo que encuentro es algo muy compacto y consciente. Lo cual no significa que no tenga contradicciones."

"No hay aspectos en mi vida más gratificantes que otros. Yo conocí a Pilar cuando yo tenía 63 años y a esa edad uno ya no espera que ocurra nada extraordinario, pensaba que todas mis experiencias intensas ya las había vivido. Pues no, he tenido que esperar los 63 para que algo nuevo se me presentara y realmente no era sólo algo nuevo, sino extraordinario, por el hecho de haberla conocido."

"Yo tenía entonces dos o tres libros importantes. Era un escritor mayor, pero con poca obra. Entonces, ¿qué es lo que pasa?: que lo que he hecho en la literatura lo he hecho en los últimos veinte o veinticinco años, la parte final de mi vida.

"Cuando uno piensa que tiene por delante cuarenta años y se considera viejo, que lo bueno se acabó y todo eso… yo creo que mi vida, que no es para ser presentada como un ejemplo para nadie, niega que a partir de una cierta edad no hay nada más que aceptar que el tiempo pase. Creo que se puede seguir trabajando si uno tiene salud, porque no parecía que mi vida fuera a ser mucho, pero he acabado por tenerlo todo, incluido un Premio Nobel de Literatura".

Miradas diversas

Como si le hubieran puesto en su pluma otra tinta, tras escribir "El evangelio según Jesucristo" (1991) -que cuenta con una versión teatral-, Saramago continúa su tarea con las novelas "Ensayo sobre la ceguera" (1995) -que se está llevando a la gran pantalla-, "La caverna" (2000), "El hombre duplicado" (2002) y "Ensayo sobre la lucidez" (2004). "Memorial del convento" y "Ensayo sobre la ceguera" también han sido adaptadas al teatro.

-Ha definido su último libro de poesías (2005) como un resumen de lo que usted había sido. ¿Considera algún libro suyo más representativo dentro de su obra completa?

"Esas poesías quizás son un resumen de la persona que yo he sido, en el sentido de que las raíces de lo que estoy diciendo hoy tienen que ver con esas poesías del "60 y "70. Por lo tanto, entre algo que empezaba entonces y hoy, cuarenta años después, hay un nexo.

"En cuanto a mis novelas, existe el problema de que no se parecen entre sí y no tienen continuidad temática. Algunos autores se instalan en un tema y lo que escriben trata de variaciones sobre el mismo asunto; en mi caso, de la vida campesina salto a la construcción de un convento y de ahí a la muerte de Ricardo Reis y a la balsa de piedra, la Península que se va por ahí. Después trato un tema del siglo XII y luego la vida de Jesucristo."

"Lo que me importa más es saber cómo reacciona el lector. Memorial de un convento tiene 35 ediciones sólo en Portugal, casi un millón de ejemplares y se sigue leyendo. Creo que deben pasar años para saber cuánto puede interesar un libro."

"Sí puedo decir que di un paso con Ensayo sobre la ceguera, la siguiente a El evangelio según Jesucristo. Ahí hay otra forma de mirar, es como si hasta entonces yo hubiera usado un gran angular y cambiara ese objetivo por el contrario, el que acerca al máximo el motivo a retratar. Pasé de tratar la novela abriendo al máximo el panorama, físico, social, histórico, humano y político, a cerrarlo al microscopio."

"Es como un embudo: tiene una parte ancha y otra estrecha. Si miras por la ancha, ves mucho menos que si miras por la estrecha. Me interesaba no tanto lo que estaba ahí, sino su detalle y llegando al detalle intentar llegar lo más lejos. Son dos etapas o dos formas de mirar".

-Dentro de esa etapa actual está "La caverna". Ahí cita "qué extraña escena describes y qué extraños prisioneros, son iguales a nosotros". ¿Cree que la principal prisión del ser humano es uno mismo, como tantas veces se ha dicho?

"Se puede decir eso, pero la verdad es que somos prisioneros de lo que está afuera, que es lo que impide nuestra propia liberación. Salir de nosotros mismos en el sentido de liberarse de sí mismo significaría que, como somos un pequeño universo y todo pasa dentro de nuestra cabeza, liberarse de sí mismo es imposible porque no quedaría nada atrás. Antes de liberarse hay que pensar qué hacer cuando uno esté liberado."

"La especie humana no puede vivir aislada, sola; debemos vivir juntos y todo lo que hagamos influye en los demás. Yo creo que un 95% de lo que somos lo han hecho los demás, somos la imagen de los demás porque vivimos en grupo, con una familia, un sistema y molde, a veces consensuado, y todo eso hace de nosotros la persona que somos. Es decir, no somos sujetos pasivos, podemos partir de nuestra propia conciencia para hacer un juicio de lo que nos rodea y sobre lo que nos influye. Un vecino que no nos deja dormir porque hace ruido, uno que tira la basura a la calle… la vida de cada una de los miles de personas de una ciudad acaba por influirnos, porque hay algo que es colectivo."

"No hay que confundir una liberación con un cambio de sistema, de forma de vivir. En el momento del franquismo o del salazarismo, la liberación fue luchar contra ellos. La importancia de los medios de comunicación con su continuo laminaje, con su filtro, muchas veces impide ver lo que en realidad pasa".

Otras muertes

-Los protagonistas de "La caverna" se liberan y son felices, aunque es inquietante lo que sucede después.

"Sí, nadie les puede asegurar en su periplo que ellos puedan encontrar un medio distinto de vida al que estaban teniendo. No se sabe lo que les espera a la vuelta de la carretera, son felices en ese momento, pero ésta no tiene por qué ser definitiva".

-Saramago continúa viendo por la parte estrecha del embudo con "Las intermitencias de la muerte".

"Pero no quiero anticipar nada…es una novela bastante insólita, la muerte no puede tener intermitencias ¿no? o se está muerto o no. Si estás muerto, no tienes conciencia de que lo estás, sólo el hecho de estar vivo te permite tenerla. El título lo está diciendo, es una muerte que no es definitiva, está y luego no está, y vuelve a estar. De esta cosa extraña está hecha esta novela".

-¿La muerte ahora como protagonista?

"Pienso que la muerte siempre es la protagonista".

-¿Puede elegir una cita del libro o un epígrafe para explicarlo mejor?

"Muchas citas de libros que utilizo para las novelas son imaginarias, no existen tales libros. Es el caso del epígrafe que encabeza el nuevo, está sacado de un libro que no existe y que es la primera vez que lo menciono, "Libro de las previsiones": "sabremos cada vez menos lo que es un ser humano", en lugar de lo que sería deseable".

 

 

SECCIÓN: Libros

14-11-05, 00:05

 

 

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2 comentarios

Archivado bajo Noticias

2 Respuestas a “Saramago, última novela.

  1. JOSE ANTONIO

    Hoy me he propuesto no pasar con "pies de angel".Espero tu opinión sobre este libro antes de leermelo yo… así que ya sabes.

  2. Juana

    Hola, KHON0 gracias por tus palabras y tus visitas.Aún no me he leído la novela, pero descuida, en cuanto tenga la oportunidad la leeré y dejaré mi reseña en este espacio. Seguramente la pediré, como los niños buenos, para Reyes.Un abrazo, África.

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