PrImAvErA eN oToÑo

A la rosa
 
 
 
Pura, encendida rosa,
émula de la llama
que sale con el día,
¿Cómo naces tan llena de alegría
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve y veloz vuelo?
Y no valdrán las puntas de tu rama
ni tu púrpura hermosa
a detener un punto
la ejecución del hado presurosa.
El mismo cerco alado,
que estoy viendo riente
ya temo amortiguado,
presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
te dio Amor de sus alas blancas plumas,
y oro de su cabello dio a tu frente.
¡Oh fiel imagen suya pregrina!
Bañóte en su color sangre divina
de la deidad que dieron las espumas,
y esto, purpúrea flor, y esto, ¿no pudo
hacer menos violento el rayo agudo?
Róbate en una hora,
róbate silencioso su ardimiento
el color y el aliento;
tiendes aun no las alas abrasadas,
y ya vuelan al suelo desmayadas.
Tan cerca, tan unida
está al morir tu vida,
que dudo si en sus  lágrimas la aurora
mustia, tu nacimiento o muerte llora.
 
Francisco de Rioja (1583-1659)
 
 
 

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