Llegaron las lluvias

¡Por fin llegaron las lluvias! Pero no están siendo todo lo constantes como debieran. Vienen enloquecidas, arrasando, traen con ellas la muerte, cuando debiera ser vida lo que aportaran, agua de vida para esta tierra reseca y necesitada de ella…
Todos enloquecemos. A las puertas de Ceuta y Melilla claman hombres, mujeres y niños, ávidos de comida, sedientos de cariño, mendigos de amor. Pero no los ayudamos, son demasiados, tememos que nuestro mundo de bienestar se nos derrumbe como una torre de naipes. Si en lugar de ser subsaharianos cuyo equipaje está compuesto por una bolsa de plástico con una muda, si la llevan, y una sucia botella de agua que palíe su sed de un mundo mejor, se tratara de ejecutivos armados de portafolios de carísimo cuero, equipaje de Benneton y chequeras repletas con divisas conseguidas nadie pregunta en qué negocios, ni dónde, ni cómo, entonces encontrarían las puertas abiertas de este primer mundo fuera el color de su piel, su raza o religión la que fuese porque no importaría, sólo cuenta la posible y saneada "cuenta" bancaria.
¡Y llegaron las lluvias! Pero los gobiernos miran hacia otro lado y no ayudan a los países pobres todo cuanto debieran. De eso que se encarguen las ONGs que se nutren de las dádivas del pueblo llano, más concienciado de lo que muchos creen.
 
Llegaron las lluvias. ¿Será que hasta el cielo llora por tanta desidia?
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